Plasticidad humana. Punto límite?

Plasticidad humana. Punto límite?

26 enero 2020 0 Por Jorge Achar

Fig. 1 Cigüeña atrapada en una bolsa plástica Foto: John Cancalosi

De chicos a temprana edad, una de las principales enseñanzas que nos brindan en la escuela o colegio es la de cuidar y proteger nuestro mundo, nuestro planeta, nuestro hogar, de que el cambio climático y el calentamiento global están haciendo de las suyas con nuestra tierra y el ambiente como lo conocemos, poco a poco se irá deteriorando a un ritmo veloz. Aprendemos sobre lo que está ocurriendo a nivel global y que entre todos en conjunto, debemos luchar para evitar que esto siga ocurriendo, a defender lo que es nuestro y no permitir que los demás lo destruyan…sin embargo, lo que no nos enseñan en el aula es a sobrellevar nuestra naturaleza humana tan intrínsecamente egoísta.

El papel del chicle directo al suelo, el envoltorio de las galletas en la calle, la botella que intentamos encestar como pelota de básquet en el cesto y le erramos, la bolsa plástica que se rompió apenas y la desechamos porque “ya no sirve”, pero sin embargo ahí estamos en las redes sociales publicando y compartiendo de que no hay que contaminar el medio ambiente, actuando como fieles devotos de la ecología y la naturaleza.

La condición humana es tan egoísta individual y conjuntamente, que a pesar de ser una especie más en la naturaleza, nos creemos dueños de hacer y deshacer en el ambiente a nuestro antojo lo que se nos de la gana.

Fig. 2 Los empleados del zoológico de Saint Louis, EE.UU bautizaron a esta tortuga como «cacahuete» por su peculiar forma. Foto: laprensa.hn

El planeta nos está llamando, la biodiversidad se está perdiendo y los bosques están desapareciendo. Pronto llegaremos a un punto crucial de no retorno del que será difícil escabullirse, mientras seguimos pensando en vez de actuar. Sin embargo en estos tiempos del Antropoceno todavía hay quienes siguen en acción buscando revertir la situación e incentivando a actuar de manera inmediata. La contaminación ambiental es un hecho, y es una realidad que nos debería golpear como sociedad y a la vez individualmente a cada uno en nuestra forma de ser y de pensar.

Es indudable que en los últimos 15 años fue resonando cada vez más fuerte la polución plástica alrededor del mundo, hasta el punto de afianzarse fuertemente en el pensamiento de mucha gente que tomaron la lucha como propia. La motivación comienza a surgir en la mayoría de las comunidades del planeta y se puede percibir un pequeño y sutil aire de esperanza en aquellos convencidos de que sin importar que tan pequeñas sean las acciones lo que importa es efectuarlas conscientemente. La confianza y la convicción presente en ellos, son ahora el motor principal que los conduce al esfuerzo diario para reducir los niveles de plástico en el ecosistema, que crece desmedidamente ya sea a través del mar o por tierra, afectando de forma indiscriminada a la flora y fauna.

Fig. 3 Isla de plásticos detectada el año pasado frente a las costas de Honduras. Foto: Caroline Power

La búsqueda de soluciones y alternativas confiables se volvió uno de los objetivos primordiales hasta el punto de hacerse escuchar ante los trajes y corbatas más importantes del mundo. El fervor de la lucha comienza a ser contagiosa, y la concientización de las sociedades poco a poco va aconteciendo. Es realmente imperativo que el cambio se origine a partir de cada uno, puesto que si uno mismo no presenta el deseo de estar bien y querer mejorar las cosas, será bastante difícil que las políticas públicas de los gobiernos lo perciban y lo hagan por nosotros.

Muchas especies marinas y terrestres nos necesitan, como nosotros necesitamos de ellos. Formamos la biota del planeta y juntos tenemos que aprender a coexistir en el camino por el bien de todos. A pesar de que aún sobran más interrogantes por atender, hasta el momento el plástico encendió una alarma que suena enérgicamente y se hace notar. Es tarea nuestra impedir que este movimiento se apague, hay que levantarse del sofá o de la cama, preguntarse a si mismo y sin temor a exagerar, ¿Qué estoy haciendo para ayudar a salvar nuestro mundo?.